viernes 30 de octubre de 2009

La partida


Y así, sin más, adiós.

¿Qué pasó? No lo entiendo. Ya no estoy con ellos. Ayer caminando, hoy volando. ¿Por qué tanta gente llora? ¿Por qué no estoy allí para abrazarlos y consolarlos? ¿Por qué miran hacia arriba? ¿...Por qué los veo yo desde arriba?

No, no lloren. ¡Y si lo hacen que sea de felicidad! ¿Qué? ¿Lloran por mí? Pero si yo estoy bien... No me pasa nada, no me duele nada, no tengo ni frío ni calor. Estoy bien, en serio.

No entiendo. ¿Qué pasa?

Quiero estar con Uds., pero acá arriba es tan rico, y me siento tan bien. ¿Por qué no suben? Ah, ya veo, todavía no pueden. Bueno, los voy a esperar. ¡Pero no lloren! ¡Ya nos vamos a ver! Yo estoy bien.


La partida... Ya no está con nosotros... Está en un lugar mejor...

Estas palabras hacen tan poco sentido en un momento como este. Yo ahora lo veo desde afuera, pero entiendo como se sienten los amigos más cercanos, la familia... Por eso soy capaz de escribir estas cosas, de no estar tan sumergida en la pena, de poder salir a respirar un poco, de apoyar a los que están sufriendo.

Sí, entiendo que en un momento como este nada tiene sentido. Es como si la vida siguiera irónica mientras uno espera al lado del camino a que retroceda, a que todo vuelva a ser como antes. Pero no es así: uno sigue sobre ella, avanzando, mientras los paisajes cambian sin que nosotros podamos hacer nada. Todo sigue, mientras la pena y los recuerdos van siendo cubiertos por un manto de nuevas experiencias, que muchas veces nos harán recordar aquello que extrañamos. Porque sí, la pena puede ocultarse, pero nunca se va. Puede cambiar, pero siempre estará. Puede madurar, pero ahí siempre se queda. Es la persona la que se queda dentro de uno, siempre, sin olvido. Y eso es lo mejor, que dejen una huella profunda en ti, que hayan realmente pasado por tu vida, que sean parte de ella.

En estos momentos no hay que decir "hay que tener fe", porque la fe llega sola o simplemente no llega, o se expresa de una manera en que uno no entiende, no sabe que ahí está. No hay que imponer algo a los otros. Cada uno tiene su propio modo. Lo único que se necesita es el apoyo en la expresión que el que tiene que recibirlo necesita. El duelo es propio, es único para cada persona. Y simplemente hay que apoyar.


Esto es para los más amigos de la N.B., para que sepan que el mundo está con Uds., así como la Nati está en Uds. No me atrevo a decir que también es para la familia, porque el dolor puede ser muy distinto desde allí y no lo conozco... Sólo basta decir que muchas personas están implícitamente con Uds.

miércoles 10 de junio de 2009

Ándate a la... locooo


¿Sabe alguien qué estamos haciendo aquí?
Cada vez que lo pienso me siento desvanecer. Es como si la respuesta se escabullera por todos los rincones del mundo al mismo tiempo, menos los que tengo mi alcance. Me angustia no sólo la pregunta, sino el hecho. ¿Qué estamos haciendo aquí...?
Últimamente vivo con un nudo en el estómago, y siento que se aprieta cada vez más, volviéndose un nudo ciego, sin posibilidad de desarme. Creo que lo podría llamar el nudo que representa que la vida me consume.
¡Igual que a todos! ¿A quién no lo consume la vida? Quien diga que no estaría mintiendo. Todos somos consumidos por ella, y ella es consumida por nosotros, aprovechada. Esto eso sí es en segundo lugar. Es como la pregunta "¿Come Ud. para vivir o vive Ud. para comer?". La primera parte se responde automáticamente si afirmamos la segunda, pues si podemos vivir para comer es porque no nos falta la comida para vivir. Así mismo es la vida: "¿Lo consume a Ud. la vida, o consume Ud. a la vida?". Si consumimos a la vida, al mismo tiempo la vida nos está consumiendo, por el simple hecho de existir en ella, de vivirla.
Pero qué tanta mierda estoy hablando... La vida me consume. Caigo nuevamente en su red. Tengo que trabajar, tengo que estudiar, tengo que hacer tantas cosas. Fuck that. I'm tired. Démonos un rato de escuchar el viento, el agua, los pájaros, a los otros... No sólo el puto ventilador del PC recordándonos que no podemos disfrutar lo que está allá afuera porque estamos aquí, tratando de mirar por una ventana de ilusiones, de promesas, que sólo se quedan en eso y no en hechos: sentado en el escritorio lo único que vamos a ver es una pantalla y el escritorio mismo... Salgamos de aquí. Vamos a correr, a caminar, a vivir. A consumir a la vida.
Quiero vivirla con otros, disfrutarla, quizás hasta llorarla, pero sentirla, y no simplemente pasar por ella. No quiero ser el pedacito de chocolate que un niño deja caer y que las hormigas van haciendo desaparecer.
That's it. Me quiero virar. Ojalá alguien me apañe... Pero hay que esperar. Fuck that, again. Putos tres años. Puta espera. ¿Puta vida? No, ella no tiene la culpa. La tenemos nosotros, yo, por darle este sentido. Argh. Realmente odio el final de los semestres...
Das ist alles, noch einmal. Man sollte diese Scheisse nur... ficken, jaja... da lassen. Verschwinden? Vielleicht... Nur leben. Das ist alles. Noch ein Bier? NOCH??? Bitte ein Bier. Pero tomar no es la opción. La opción es tener el tiempo para tomar. Y usarlo o no. ¿Sí, no? ¡Qué importa! Quiero tiempo para la recreación...

miércoles 15 de agosto de 2007

Capítulo uno: el primer paso

Sentada en un rincón, esperaba. La verdad, no sabía qué estaba esperando, pero sentía que debía hacerlo. Y mientras lo hacía, miraba el techo alto de su habitación con las manos sosteniéndole las rodillas cercanas al cuerpo. Había encontrado una mancha allá arriba con la que entretener su vista mientras contaba pausada y lentamente los segundos en su mente, pero lo que expresaba con sus labios era una canción que guardaba en lo profundo de sus recuerdos, cuando era pequeña y su madre la hacía dormir.
En el otro extremo de la pieza, un oso de peluche enorme estaba sentado contra la muralla. Los ojos le brillaban con expresión viva, al tiempo que enfocaban a la joven. Parecía escrutarla. Ignoraba todo el polvo que se le había acumulado entre su pelaje artificial con el pasar de los años y el desuso: la canción volvía a la mente de la joven como algo del pasado, mientras que lo material del pasado iba siendo olvidado.
Y la muchacha seguía mirando el techo, esperando.
Por un instante, se distrajo y miró a la gran ventana que estaba en la muralla opuesta. Sintió que no debía esperar más, y se puso de pie. La mancha del techo desapareció de sus pensamientos, al tiempo que era conducida por sus piernas hacia el alféizar de la ventana. Allí se puso de pie, miró hacia abajo y luego arriba. Una estrella brillaba solitaria en medio del oscuro cielo azul. Titilaba insaciable y parecía bajar... Bajar hasta donde la muchachita se encontraba, parada en el borde de la ventana, con la mitad del cuerpo dentro de su habitación y la otra mitad afuera. Y adentro el peluche soltó una lágrima robusta que fue absorvida entre sus pelillos.
Con un fulgor dorado, la estrella pareció explotar. Todo el jardín con altos árboles quedó bañado en un polvillo dorado, y allí fue a saltar la joven. Parecía caer lentamente y aterrizó con suavidad sobre una cobertura brillante y titilante, al igual como había sido la estrella en su integridad. Se hincó sobre la frazada dorada, llevó sus manos a su cara y lloró silenciosamente de alegría inexplicable.
Con los ojos tapados por sus manos, sintió en todo su cuerpo una calidez que jamás antes había experimentado, y creyó hundirse en el césped bajo el polvo de estrella. Cuando destapó sus ojos, se encontraba en un lugar totalmente distinto. Allí era de día, un día radiante, y en el cielo alumbraban dos grandes soles y adornaban siete luminosas Lunas.
Ya no estaba en casa.

miércoles 1 de agosto de 2007

La puerta de entrada




La mano recorría la madera tallada de aquella puerta antigua. Con las uñas, viajaba por las grietas que el tiempo había inscrito en aquella tabla, rasa en algún momento de su vida. Los dedos de la mano buscaban la perilla con que abrir la entrada a aquella bóveda aún no descubierta, pero no la hallaban. Buscaron sin cesar, hasta toparse con una grieta más profunda, en la que aquellas extremidades de extremidades se introdujeron. Pudieron éstas sentir el aire cálido y turbulento del interior de aquella cámara, y se alejaron del interior que tanto deseaban conocer.
Ahora una cabeza se acercó a la puerta. Un par de ojos se dispuso a vislumbrar lo que había al otro lado de aquel inmóvil portal, mas ninguna luz brillaba del otro lado. Era una cámara oscura. Y, a pesar de no poder ver nada, algo cautivó al par de ojos: la mente de aquel intruso se vio absorta por aquella oscuridad impenetrable, por aquel aire tibio y turbulento, por ese olor que acababa de percibir a aceite de rosas, por ese sabor a chocolate que tanto gustaba... Fue entonces que encontró la perilla para entrar.
Su mente le ofreció la solución. Su mente lo atrapó...

Su mente lo ayudó a recorrer eso que tanto esperaba.

Tú: ¿quieres recorrer tu mente?